Por Javier Wetzler
Una de las cosas que más me costaban en mi carrera era realizar evaluaciones de desempeño. Hablar sobre los puntos débiles de otra persona me parecía como “ir al choque”. Sinceramente, odiaba esos ejercicios.
Con el tiempo, entendí que este sentimiento ya me condicionaba. Porque sí, a veces es inevitable dar feedback crítico.
Ya sé, es mucho más lindo hablar de las cosas buenas que de las mejorables. Pero,
¿qué pasa evito esas conversaciones, o las hago rápido y mal?
¿Cómo va a crecer el equipo?
¿Cómo crezco yo si mi supervisor hace lo mismo?
¿Cómo crece, en definitiva, el negocio, sin una comunicación honesta y desafiante?
Es simple: no crece
Hay varios trucos que fui aprendiendo para mejorar, y me gustaría compartirles:
– Darle tiempo a la preparación. No “sacármela de encima”. Pensar y anotar con cuidado los aspectos positivos y negativos de la persona.
– No quedarme solamente con mis propios conceptos. Preguntar otras opiniones y escucharlas sin sesgos.
– Buscar ejemplos de situaciones en las que se haya percibido lo que quiero transmitir. Evaluar qué otras opciones podrían haberse barajado.
– Saber que no se trata de mí, sino de ambos. Considerar la personalidad de mi interlocutor e intentar acomodar el lugar, momento y tono de la charla para hacerlo sentir lo más cómodo posible.
– Es peor ser falso (incluso si lo hago para no lastimar al otro), que ser crítico. Por eso, ser empático sin abandonar la honestidad.
– No perder la humildad. Explicitar que no hablo como modelo sino como alguien que hace lo mejor para ayudar.
– Escuchar. Intercambiar -mucho- ideas y opiniones. El feedback es un ejercicio de a dos. Si la otra persona se queda callada, alentarla a hablar. Si fuese necesario, darle una pausa y ofrecerle seguir en otro momento.
– No ser obstinado. Si reconozco un error en mi diagnóstico, cambiar de opinión hará que la otra persona me respete más y trabaje con mayor motivación.
– Otra cosa: el feedback no se termina en una reunión. De hecho, no se termina. Hay que seguir observando y apoyando proactivamente.
A veces parece que el feedback -especialmente en una evaluación de desempeño- es un tema tabú. Exponerlo, hacer públicas mis debilidades, sería vergonzoso.
Sin embargo, si el grupo tiene un acceso honesto y transparente a mis fortalezas y vulnerabilidades, posiblemente me pueda ayudar mucho más. Hace poco leí el caso de una persona que compartía su feedback con todo su grupo, con resultados excelentes en la confianza, transparencia y cooperación.
Es curioso como una conversación difícil puede también ser un regalo enorme. ¿No es acaso un obsequio dedicarle tiempo y atención a hablar con otra persona para que pueda superar sus escollos?
¿Te ha pasado de tener que dar un feedback complicado?
¿Cómo lo encaraste? ¿Cómo te sentiste?
Y, finalmente, ¿cómo resultó en la otra persona?
Javier Wetzler tiene más de 30 años de experiencia en liderazgo corporativo, ocupando cargos de Alta Dirección. Trabaja en la concientización y el desarrollo de Culturas Laborales Sustentables. Consultor en crecimiento de PyMEs, especializado en desarrollo de equipos productivos, procesos y herramientas de mejora de negocios. Ingeniero (ITBA). Director Agencia Humana.






