Por Paloma González
La inteligencia artificial se ha convertido en una prioridad estratégica para el sector asegurador. Automatización, analítica avanzada, modelos predictivos, personalización y eficiencia operativa están ya en el centro de las agendas corporativas. Sin embargo, el último ‘Human Capital Trends Study 2026’ de Aon lanza una advertencia clara: la tecnología avanza mucho más rápido que la preparación de las personas, y esa brecha empieza a convertirse en un riesgo real para el valor del negocio.
El informe, basado en las respuestas de 2.361 directivos y consejeros en 62 países, revela una paradoja que afecta de lleno al seguro: el 88% de las empresas reconoce que el éxito de la IA dependerá de las personas, pero solo una minoría está invirtiendo de forma sistemática en las capacidades humanas necesarias para que esa IA funcione a escala.
Mucha IA desplegada, poca preparación real
La adopción tecnológica ya es una realidad. Según el estudio, el 73% de las organizaciones ya ha desplegado o está pilotando iniciativas de IA, y en el caso del sector asegurador el uso se acelera en ámbitos como automatización de procesos, analítica de riesgos, fraude, atención al cliente o suscripción.
Sin embargo, cuando se analiza la preparación del talento, los datos cambian radicalmente. Solo el 18% de las empresas afirma que la mayoría de su plantilla ha participado en programas de reskilling o upskilling en IA en el último año, y apenas el 28% ha incorporado perfiles con competencias avanzadas en IA. Además, menos de un tercio cuenta con guías operativas plenamente implantadas para el uso responsable de la IA.
El resultado es una IA que se despliega en silos, desconectada del modelo operativo, de la toma de decisiones y de las capacidades reales de los equipos que deben utilizarla.
Para el sector asegurador, esta brecha tiene implicaciones directas. La IA no es solo una herramienta de eficiencia: afecta a pricing, suscripción, detección de fraude, gestión de siniestros, ciberseguridad y experiencia de cliente. Si las personas no entienden cómo interactuar con los modelos, cómo interpretar sus resultados o cuándo escalar decisiones, el riesgo operativo y reputacional se multiplica.
El estudio subraya que los riesgos de personas son riesgos de negocio. Cuando la preparación de la plantilla va por detrás del despliegue tecnológico, aparecen: baja adopción real de las soluciones, decisiones fragmentadas o mal alineadas, dependencia excesiva de automatismos, y mayor exposición a errores, sesgos o incumplimientos regulatorios.
En un sector como el asegurador, donde la confianza es un activo crítico, una IA mal integrada puede erosionar más valor del que promete crear.
Las habilidades que realmente marcarán la diferencia
Uno de los hallazgos más relevantes del informe para el seguro es que las capacidades más críticas no son técnicas. Cuando se pregunta a los directivos qué habilidades serán clave en los próximos tres años, el ranking es claro: adaptabilidad y gestión del cambio; liderazgo y gestión de personas; y alfabetización digital y adopción tecnológica.
La lectura es evidente: la ventaja competitiva no estará en tener más modelos, sino en tener equipos capaces de trabajar con ellos. Especialmente en seguros, donde el juicio humano sigue siendo esencial para evaluar riesgos complejos, gestionar excepciones y responder a situaciones no previstas.
A pesar de este diagnóstico, la mayoría de organizaciones sigue enfocando la IA desde una lógica de corto plazo. El 80% de las empresas declara que su principal objetivo con la IA es automatizar tareas rutinarias, mientras que solo el 35% prioriza explícitamente el desarrollo de nuevas capacidades en la plantilla.
En el sector asegurador, esto se traduce en una automatización creciente del back office, sin un rediseño profundo de roles, procesos y responsabilidades. El informe de Aon insiste en que la verdadera transformación no está en sustituir tareas, sino en redefinir el trabajo, combinando capacidades humanas y algorítmicas.
Con ello, el informe señala que las aseguradoras que están avanzando más rápido son aquellas que utilizan la IA para liberar tiempo de tareas de bajo valor,
reinvierten esa productividad en análisis, prevención y asesoramiento y acompañan el cambio con formación, liderazgo y marcos claros de gobernanza.
Bienestar, confianza y escala: una relación directa
Un dato especialmente relevante para el seguro es que las organizaciones que han desplegado plenamente la IA son más del doble de propensas a mostrar un compromiso visible con el bienestar de los empleados. Esto no es casual.
El estudio sugiere que la capacidad de escalar la IA está estrechamente ligada a la confianza, el compromiso y la sostenibilidad humana. Cuando la tecnología se percibe como una amenaza, o como una imposición mal explicada, la adopción se frena. Cuando se integra en una cultura de aprendizaje, transparencia y cuidado del talento, la IA se convierte en un acelerador del cambio.
Datos de personas: el gran cuello de botella
Al igual que ocurre con los datos técnicos y de negocio, la madurez del dato de personas es un factor crítico. Sin embargo, solo el 38% de las organizaciones considera que tiene una alta madurez en datos de RR. HH. y apenas el 12% utiliza herramientas analíticas avanzadas para tomar decisiones sobre talento.
Para el sector asegurador, acostumbrado a modelizar riesgos financieros y técnicos, este déficit es especialmente llamativo. Sin datos sólidos sobre capacidades, brechas de skills, movilidad interna o impacto del cambio, resulta imposible alinear la IA con la estrategia de negocio.
Con ello, el mensaje para el seguro se resume en que tecnología y personas deben evolucionar juntas. Como apunta el informe, los ganadores de la IA serán quienes lideren con estrategias de personas de primer nivel. En palabras de Greg Case, CEO de Aon, la IA es una oportunidad histórica de crecimiento, pero solo para aquellas organizaciones que integren tecnología y talento de forma coordinada.
Para el sector asegurador, esto implica un cambio de enfoque: pasar de proyectos tecnológicos a transformaciones organizativas, de pilotos aislados a modelos operativos integrados, y de eficiencia a corto plazo a resiliencia y ventaja competitiva sostenible.
En un entorno de volatilidad, presión regulatoria y cambio acelerado del riesgo, la verdadera innovación en seguros no vendrá solo de los algoritmos, sino de las personas que sepan utilizarlos con criterio, ética y visión de negocio.
Fuente: Paloma González para Füture. Blog de innovación para el sector asegurador (4 mayo de 2026)






