La primacía de la gratuidad

Por Martín Tami

He aquí una paradoja fascinante, de las que nos desvelan aspectos fundamentales de nuestra humanidad. Escuchen:

Pagar por algo no nos da derecho a nada.

Evidentemente, hay algo en lo que acabo de escribir que resulta escandaloso.

¿Cómo? ¿Acaso no tengo yo derecho a aquello por lo que he pagado?

Mi tesis es muy simple: no.

Y no es que con esto me quiera cargar la viabilidad del sistema básico de intercambios en el que vivimos, nos movemos y existimos.

Mi intención es, más bien, otra: señalar que la relación más auténtica, más genuina, más verdadera, más original con las cosas, con todas las cosas, con la realidad, no es la de acreedores, sino la de deudores. Que lo que recibimos es siempre, incluso cuando hemos pagado por ello, un don que no nos pertenece y que, para más escándalo, tampoco nos merecemos.

¿Cómo? ¿Acaso no tengo yo derecho a disfrutar del café por el que he pagado?

Mi tesis es muy simple: no.

No tienes derecho al café que pagaste, no. Tienes, si eres capaz de reconocer la verdad última de nuestra situación existencial, la oportunidad de disfrutarlo, incluso, si vamos más hasta la raíz, la responsabilidad de disfrutarlo y, sobre todo, de agradecerlo. Y todo esto te asigna el deber de una cierta manera de tratar al café (así como a la persona que te lo sirve).

Haber pagado por algo no nos da derecho a nada.

El dinero no es el garante de nuestra relación con la realidad: es, apenas, un medio de intercambio, un invento muy útil para solventar nuestra necesidad de acceder a cosas que no podemos -o no sabemos- procurarnos por nosotros mismos. Bienvenido sea.

Pero se produce un grave malentendido cuando, desestimando lo anterior, pasamos a pensar que el dinero es la llave que nos abre un dominio sobre la realidad, sobre las cosas y, lo que es peor, mucho peor, sobre los demás.

Todo -absolutamente todo- nos es dado. Gratuitamente. Incluso aquellas cosas por las que hemos pagado.

Vivir sabiéndolo -saboreándolo- es, misteriosamente, un camino apasionante a la felicidad: aprender a agradecer, a descubrir que he recibido, que soy el destinatario de un don, que el ser me ha sido dado y que puedo, a su vez, donarlo. Donarme. Aprender a amar.

Somos deudores, no acreedores. Pagar por algo no nos confiere ningún derecho: nos asigna, por el contrario, una responsabilidad. ¿Estaremos a la altura del don que se nos entrega?

¿Qué significa estar a la altura del don que se nos entrega?

Primero: no perder de vista su carácter eminente de don, de regalo. ¿Incluso si he pagado por él? Sí. Incluso. Porque aquello por lo que has pagado no es la factura más íntima de lo que se te da… Lo que pagas es, en el mejor de los casos, la ocasión de vivir la experiencia del don (y ni siquiera eso). El don, lo que recibes, es un regalo que no tiene precio. Ni puede tenerlo.

Segundo: valorarlo como tal, es decir, agradecerlo. Ante lo gratuito solo cabe una respuesta: la gratitud. ¿Puede ser gratuito algo que hemos pagado? ¡Menuda paradoja! Mi tesis es simple: sí. Aprender a reconocer la gratuidad en todo lo que nos es dado puede ser, a mi juicio, un camino de crecimiento en humanidad… y así vivir agradecidos.

Tercero: saber que no nos pertenece, es decir, que no es nuestro. ¿Y de quién es entonces? De aquel que me lo da. ¿El tío que me ha cobrado la entrada, la inscripción, el café? No. Claro que no. Hablamos de Aquel que me ha hecho capaz de gustar de la vida, dándomela a cada instante.

En suma, si lo que recibimos no nos pertenece como posesión sino que nos alcanza como don -como regalo- hemos de reconocer que, antes que acreedores, nos cabe la condición de deudores: debemos custodiar el don, agradecerlo y donarlo a los demás.

Custodia, agradecimiento y donación: tres palabras para la cartografía esencial de nuestra vida.

Francisco de Asís, que de todo esto supo mejor que tantos, escribió: Nada retengan para ustedes, para que enteros los reciba el que Todo entero se les entrega.

Fuente:  Martín Tami es filósofo argentino. Máster: en Ciencia y Filosofía (2021) y en Estudios Avanzados en Filosofía (2024), ambos en la Universidad Complutense de Madrid.
Profesor del Departamento de Formación Humanística y de la Escuela de Liderazgo Universitario de la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid. (9 noviembre de 2025)