Por INNOKU
El cambio climático ha dejado de ser una amenaza distópica para convertirse en una realidad tangible, especialmente para la industria aseguradora. En España, las compañías de seguros enfrentan una creciente ola de fenómenos meteorológicos extremos, inundaciones, incendios, sequías, tormentas, que ponen en riesgo tanto su estabilidad financiera como su capacidad para dar respuesta efectiva a los asegurados.
1. Un panorama cada vez más adverso
Entre 1993 y 2022, la frecuencia e intensidad de tormentas, inundaciones, olas de calor y sequías aumentó significativamente en España, situando al país entre los más expuestos al riesgo climático en Europa y el mundo. En 2022 fue el quinto país con mayor índice de riesgo climático según el informe Climate Risk Index de Germanwatch.
Estas tendencias climáticas extremas se traducen en un incremento de siniestros meteorológicos, que inciden directamente sobre las pólizas multirriesgo y de ámbito agrícola, dos de las más afectadas.
2. Impacto real: cifras que evidencian la urgencia
En 2021, los desastres naturales en España causaron pérdidas en bienes materiales por importe de 1.300 millones de euros, de las que únicamente el 41% estarían aseguradas, según datos del Consorcio de Compensación de Seguros.
El año registró una de las mayores indemnizaciones de la década, reflejo de cómo los eventos climatológicos extremos están generando un elevado coste económico directo al sector.
Un ejemplo dramático ocurrió entre el 29 de octubre y el 16 de noviembre de 2024: las inundaciones en la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Andalucía provocadas por una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) resultaron en la muerte de 232 personas, unas 116.000 reclamaciones de seguros y 3.500 millones de euros en daños asegurados, frente a un daño total estimado en 10.700 millones de euros.
3. La brecha del seguro: solo una parte del problema
A nivel agrario, el impacto económico derogado por condiciones climáticas extremas asciende a 28.300 millones de euros anuales en la Unión Europea, de los cuales apenas el 20‑30% está asegurado.
Según Reuters, en España, esto se traduce en una vulnerabilidad importante para los agricultores, especialmente ante la intensificación de sequías que ya representan más del 50% de los daños en este ámbito.
4. Mecanismos vigentes: el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS)
España cuenta con un sistema público-privado robusto: el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS). Este organismo estatal actúa como asegurador de riesgos extraordinarios como inundaciones o vientos extremos, complementando las pólizas privadas mediante un recargo obligatorio. Desde 1987 hasta 2022, el CCS ha pagado 10.600 millones de euros en compensaciones, un 70% de los cuales correspondieron a inundaciones. Entre 1987 y 2021, el 69–70% de las indemnizaciones del CCS derivó de inundaciones, seguidas por tormentas de viento con aproximadamente un 16%.
Este sistema ha permitido una cobertura amplia, asequible y adaptativa, capaz de absorber variaciones en riesgo, ajustar primas o ampliar coberturas cuando la realidad climática lo exige.
5. El reto de futuro: construir resiliencia climática efectiva
- Reducir la brecha aseguradora: España debe avanzar hacia un mayor nivel de protección financiera, particularmente en el ámbito agrario y para infraestructuras públicas, donde la penetración del seguro es todavía limitada. El sector asegurador, junto a las administraciones, podría incentivar soluciones sostenibles, como sistemas de prevención, planificación territorial y alertas tempranas.
- Fortalecer los mecanismos públicos-privados: Mantener y evolucionar el papel del CCS es clave. Su flexibilidad y su capacidad de adaptarse a cambios climáticos futuros resultan fundamentales para garantizar estabilidad al mercado asegurador.
- Innovación y modelos predictivos: Apostar por la tecnología -big data, modelos climáticos, inteligencia artificial- permitirá anticipar riesgos, ajustar primas con mayor precisión y desarrollar productos especializados en resiliencia climática.
En conclusión, la resiliencia climática ya no es una opción, es una necesidad imperativa. Para el sector asegurador, significa no solo absorber los impactos crecientes de los fenómenos extremos, sino anticiparlos, mitigarlos y fortalecer su capacidad de respuesta. Solo así podrá cumplir con su misión social: proteger a las familias y empresas frente a los riesgos que hoy reclama la nueva realidad climática.
Fuente: INNOKU para Füture. Blog de Innovación del sector asegurador (1 diciembre de2025)






