Por Juan Uribe
En la conducción de negocios y dirección de empresas solemos adherir rápidamente a modas. Hay un cierto fanatismo por algunas modas, un enamoramiento militante -que se convierte en una enamoramiento limitante-.
Veamos un par de ejemplos:
NO a la práctica de procesos de planificación estratégica muy pautados y sofisticados que persiguen terminar un presupuesto detallado. Esos procesos fueron útiles para contextos no complejos, de entornos ordenados que, a lo sumo, requerían pensamiento sistémico. Así y todo, cuando se aplicaban necesitaban varias revisiones y ajustes a lo largo de un mismo año, donde se daban situaciones económico-sociales cambiantes. Hoy el contexto es de alta complejidad y requiere la prospectiva de escenarios estratégicos.
NO a la negación del riesgo. Siempre que hay decisiones hay riesgos. No se puede mitigar todos y al mismo tiempo. Se necesita un buen análisis de riesgo en situaciones de crisis, para minimizar el error.
Y si se da el error es preferible que sea temprano y barato.






